El 10 de junio de 1990, el capitán de British Airways a los mandos de un de un BAC 1-11, Tim Lancaster, fue literalmente succionado hacia el exterior debido a la descompensación en cabina depresión tras la pérdida del parabrisas que se desprendió de manera violenta. El capitán quedó presionado con la espalda contra el exterior del fuselaje y sus piernas quedaron atrapadas entre el volante y el panel de instrumentos. El asistente de vuelo Nigel Ogden corrió hacia la ventana y agarró a Lancaster con fuerza por la cintura. El rescate de Lancaster se consideró nada menos que un milagro. Logró sobrevivir después de un vuelo de 22 minutos en el fuselaje del avión a una velocidad de 600 km/h y temperaturas de hasta -17ºC. Como el mismo comentó antes de perder la consciencia comprobó que podía respirar perfectamente, afortunadamente no sufrió lesiones graves soportando las bajas temperaturas del exterior pero andaban los -40C